Todas las personas tenemos derecho a la libertad, igualdad de oportunidades, reconocimiento y respeto, y de igual manera debemos prodigar respeto a todos los seres humanos sin importar condición social, económica, racial, ideológica, preferencias sexuales… y otras clasificaciones que en toda sociedad han sido utilizadas para establecer barreras y crear elites. En el debate público sobre nuestra nueva Constitución, se ha pretendido sin exito por parte de los representantes de una de las corporaciones internacionales mas antiguas y de dudoso accionar como es el Vaticano, hacer prevalecer la figura de un estado superditado a sus ambiciones y lejos de lo que realmente debe cuidar el estado que sin duda es la garantía de los derechos individuales.
Si existen personas que difieren de la gran mayoría como el caso de los homosexuales, no debemos excluirlos, etiquetarlos denigrandolos, debemos prodigarles el mismo respeto que todos merecen y es necesario que perteneciendo o no a ese grupo, velemos porque sus dignas aspiraciones a conseguir reconocimiento de sus interacciones estables generen jurisprudencia y sus derechos sean reconocidos como los de todos.